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ANSIEDAD Y MINDFULNESS

 
 
 

Cómo y para qué enseñar a meditar a los niños

La meditación y la atención plena han sido vistos durante mucho tiempo como actividades para adultos. Pero esta visión está empezando a cambiar. En la actualidad existe un interés creciente por enseñar a meditar a los niños para ayudarles a relajarse, eliminar el estrés y aprender cómo conectar con su propia fuente interna de calma.

Pero, ¿quién puede enseñar a meditar a los niños? Enseñar a los niños a meditar y a practicar la atención plena es algo que incluso las personas iniciadas pueden compartir con ellos. Solo hay que poner interés, conocer técnicas sencillas, practicar previamente y, sobre todo, entender por qué la meditación y la práctica de la atención plena son tan interesantes.

Por qué enseñar a meditar a los niños

Prisas, tecnología, multitarea, exceso de estimulación y rapidez son algunas de las características que parece imponernos la vorágine cotidiana, tanto en los adultos como de los niños. En este sentido, la razones para enseñar a meditar a los niños son las mismas por las que deberíamos meditar los adultos: para conectar con nuestro yo y absorber la energía de la tierra.

 

El estrés al que nos sometemos deriva en tensión y fatiga y nos impide concentrarnos y enfocarnos. Los adultos transmitimos esto a los niños. La meditación es una herramienta que nos ayuda a ser más conscientes de nosotros mismos, a captar energía positiva y a transmitirla también.

Con la meditación aprendemos a permanecer conectados con la tierra, a vivir el momento presente y a disfrutar de un tiempo de tranquilidad. Esto permite aliviar la tensión, mantenerse conectado con la propia esencia y construir un sentido del amor propio y la autoestima.

Familia meditando junta

Las personas que desde niños aprenden y practican la meditación cuentan con herramientas para gestionar la ansiedad y mantenerse enfocados que podrán utilizar toda la vida, que les permitirán vivir de manera más plena y consciente.

 

Además, la meditación tiene otro valor adicional para los niños, porque les ayuda a mejorar la concentración y el aprendizaje. En este sentido, la meditación es un entrenamiento de la mente que, al favorecer la concentración, mejora la interacción del niño en el proceso educativo. Algo que favorece el aprendizaje.

5 estrategias para enseñar a los niños a meditar

Cuando enseñamos meditación a los niños tenemos que elegir las técnicas apropiadas para la edad  de nuestros pequeños alumnos. Los siguientes consejos y estrategias te servirán para encauzar esta enseñanza.

Da ejemplo

Si quieres enseñar a meditar a un niño es necesario que él te vea hacerlo a ti primero o, al menos, que sepa que lo haces. Saber meditar es vital para que conozcas hasta qué punto esto es beneficioso. Con ello, despertarás la curiosidad en el niño. Los más mayores incluso podrán identificar el efecto que ha causado en ti el hecho de meditar.

Una vez que haya un interés genuino y natural por la meditación en el niño podrás guiarlo hacia una mejor comprensión y fomentar su propia práctica.

La respiración es el anclaje

Todas las personas que practican y enseñan la meditación saben que la respiración es el comienzo y el final de todos los tipos de meditación. Llevamos nuestra respiración con nosotros en cada momento. Por lo tanto, la respiración se convierte en el ancla, nos ayuda a centrarnos en el momento y en lugar presente.

Los niños pueden aprender esto también simplemente observando su respiración, fijándose en cómo su pecho o su abdomen sube y baja con la inhalación y la exhalación. Esto les ayuda a estar en el momento presente, centrados en su respiración y en ninguna otra parte. Haciéndolo con él, los dos estaréis anclados en ese momento juntos, lo que también reforzará el vínculo entre ambos. 

Aprende a adaptarte

La enseñanza de la meditación para los niños es un viaje personal para ellos y para ti. Los niños no siempre responden de la forma en que los adultos queremos. Con la meditación ocurre lo mismo. Podemos guiarlos en cómo sentarse, cerrar los ojos y en todos los pasos que deben dar, pero si ellos no quieren hacerlo no hay forzarlos.

 

Debes buscar estrategias para conectar con su interés, ofrecerles herramientas que les ayuden a calmarse y a relajarse. Muchos niños tienen dificultades para estar quietos o callados, lo cual no es malo, pero sí supone un reto.

Beneficios del Mindfulness
  • Aumenta el nivel de calma y serenidad.
  • Combate problemas relacionados con la ansiedad, el estrés, la depresión, el dolor agudo o crónico o el insomnio.
  • Aumenta la capacidad de concentración y de atención, combatiendo la dispersión mental.
  • Ayuda a regular las emociones, bajando el nivel de impulsividad y reactividad emocional.
  • Mejora nuestras relaciones interpersonales, aumentando la empatía, favoreciendo la comunicación y comprensión.
  • Ayuda a recuperar el equilibrio interno.
  • Favorece la conexión con uno mismo, con los demás y con el mundo que nos rodea.
  • Aprender a disfrutar del momento presente, favoreciendo la capacidad de ser felices.
  • Aprender a cultivar la aceptación de lo que sucede tal cual es, reduciendo el sufrimiento.
  • Mejora el estado de salud y el bienestar general de la persona, ayudando a recuperar su equilibrio interno y aumentando nuestra calidad de vida.

 MINDFULNESS (ATENCIÓN PLENA):       FUENTE DE SALUD Y BIENESTAR

Los seres humanos sufrimos. La mayoría de nosotros lo hacemos experimentando estrés, dolor físico, dolor emocional, miedo, ansiedad, tristeza, desasosiego, malestar, inquietud, preocupación e insatisfacción vital. Además, actuamos reactivamente, con violencia y agresividad; hacia el mundo, hacia los demás, pero sobre todo, hacia nosotros mismos. Nuestra salud física y psicológica se encuentra constantemente amenazada por un estilo de vida inadecuado y desequilibrado. No sabemos realmente quiénes somos, ni cómo funcionamos como seres humanos. Vivimos desconectados de nosotros mismos. Ignoramos cuáles son las verdaderas causas de nuestro sufrimiento. En muchas ocasiones actuamos erráticamente produciéndonos estrés, dolor y desdicha. Todo esto se debe, principalmente, al hecho de vivir de forma “inconsciente”, de vivir sin una “atención plena” o “conciencia plena”.

Estamos siendo testigos del surgimiento, cada vez mayor, de un creciente interés por parte de la ciencia, principalmente de las ciencias de la salud, sobre todo de la medicina y la psicología, de abordar el estudio de la conciencia y la meditación a través de una metodología científica. Actualmente, mindfulness representa la confluencia entre la sabiduría milenaria de la psicología oriental, principalmente la psicología budista, con la psicología occidental.

Mindfulness es una palabra inglesa que generalmente se traduce al español como “atención plena” o “conciencia plena”. Mindfulness ha sido descrito como una clase de conciencia centrada en el presente, no elaborativa ni condenatoria, en la cual cada pensamiento, sentimiento o sensación que surge en el campo atencional es reconocido y aceptado tal y como es. Kabat-Zinn señala que mindfulness consiste en el proceso de observar expresamente cuerpo y mente, de permitir que nuestras experiencias se vayan desplegando momento a momento y de aceptarlas como son. No implica rechazar las ideas ni intentar fijarlas ni suprimirlas ni controlar nada en absoluto que no sea el enfoque y la dirección de la atención. La atención plena no implica intentar ir a ningún sitio ni sentir algo especial, sino que entraña el que nos permitamos a nosotros mismos estar donde ya estamos familiarizados más con nuestras propias experiencias presentes un momento tras otro.

Mindfulness es, intrínsecamente, un estado de conciencia que implica prestar atención a la experiencia del momento presente. Este estado se cultiva y se desarrolla mediante la práctica de la observación y la meditación, que representa un método por el cual nos volvemos menos reactivos a lo que nos ocurre en el momento actual. Mindfulness constituye una manera de relacionarnos con la totalidad de la experiencia (ya sea positiva, negativa o neutra) y nos aporta un medio con el que poder reducir nuestro nivel general de estrés, preocupación y sufrimiento y aumentar el nivel de bienestar y satisfacción vital.  

Actualmente mindfulness representa una verdadera revolución en el ámbito científico. El número de publicaciones generadas durante los últimos 20 años no ha hecho nada más que incrementar de forma exponencial. A día de hoy, son ya millares las publicaciones de estudios científicos que avalan la eficacia del mindfulness. Estas investigaciones muestran la eficacia y utilidad del mindfulness en múltiples enfermedades médicas (cáncer, psoriasis, fibromialgia, hipertensión, asma, infarto de miocardio, SIDA, etc.), en diferentes trastornos psicológicos (ansiedad, depresión, trastornos de la personalidad, psicosis, trastorno obsesivo compulsivo, TDAH, etc.), para la reducción del estrés crónico (laboral, familiar, docente), para la mejora de la calidad de vida, el incremento del bienestar general y de la satisfacción vital.

 

La ruptura sentimental y el duelo: cuando nos abandonan.

  • Red broken heart

Una ruptura sentimental es una de las experiencias generadoras de mayor malestar psicológico por la que podemos pasar a lo largo de la vida. La situación se agrava cuando la decisión no parte de ambos miembros de la pareja, cuando es uno el que abandona al otro.

La persona rechazada acostumbra a pasar por un proceso de duelo con muchas semejanzas al que se atraviesa cuando muere un ser querido, o incluso cuando se padece una depresión. Son momentos de tristeza, melancolía, desesperanza, ansiedad, irritabilidad, insomnio, inapetencia, apatía, etc. Lidiar con el abandono puede ser un proceso muy doloroso en el que el doliente acostumbra a enfrentarse a una serie de tareas o procesos.


Aceptar que la relación se ha acabado. “Esto podemos superarlo, es un bache, no puede ser algo definitivo.”
En muchas ocasiones, la persona tiene dificultades para entender que la ruptura es definitiva y tiende a pensar que se trata de un bache, un conflicto o una etapa. En este momento entra en juego el autoengaño. El doliente tiende a pasar por alto aquella información que indica que la relación ha acabado y se aferra a cualquier ambigüedad en las explicaciones o gestos de quien abandona para creer que la decisión no es permanente.

Enfrentar el dolor. “Estoy bien. Nada…, no pasa nada.”
El dolor, la rabia o la tristeza pueden llevar a la persona a emplear estrategias de evitación. Cada uno tiene su ritmo. Sin embargo, es conveniente no retrasar demasiado el momento de abrirse a las emociones. Aunque es complicado, se debe buscar el equilibrio entre, por una parte, expresar a nivel emocional el dolor ligado a la pérdida y, por otra parte, intentar sobreponerse y prestar atención a otros aspectos de la vida.

Minimizar los sentimientos de culpa. “Si hubiese sido más divertido/a, si no hubiese engordado, tendría que haber sido más transigente, tendría que haber dejado más espacio…”
La culpa no es patrimonio de quien abandona. La persona rechazada muchas veces tiende a atribuir los motivos de la ruptura a aspectos relacionados con ella misma. Este tipo de patrón de pensamiento lleva asociado un importante deterioro de la autoestima.
Comprender y asimilar las causas y efectos de nuestras acciones (y las ajenas) nos ayudará integrar la experiencia pasada en nuestro presente. En este proceso, debemos asumir de manera realista nuestros aciertos y nuestros errores, sin dejar que los sentimientos de culpa lo invadan todo.

Huir del victimismo. “Me ha hecho daño, me ha tratado como una colilla… ¡Me ha destrozado la vida!”
Cuando asumimos el papel de víctima situamos las causas del deterioro y ruptura en el otro. Las relaciones se acaban y no siempre hay víctimas y verdugos. Es conveniente entender cómo ha evolucionado la dinámica relacional desde su inicio hasta su fin. Es importante comprender nuestra responsabilidad en el proceso, dado que hemos sido parte activa en la relación. Victimizarnos nos sitúa en un papel pasivo, desde el cual será más complicado restablecernos.

No idealizar o demonizar al otro. “Es el amor de mi vida, no hay nadie que le llegue a la suela de los zapatos.”
En el proceso del duelo muchas veces idealizamos o demonizamos tanto a la persona amada como a la propia relación. Son momentos en se tiende a pensar de manera obsesiva tanto en pequeños o grandes conflictos como en aquellos momentos de felicidad pasada.
Es conveniente observar las virtudes y defectos del otro, los propios, y valorar de manera objetiva el estado de la relación ya acabada. Pasado el tramo inicial, las personas tienden a entender de manera más realista la dinámica relacional y los motivos de la ruptura.

Entender las implicaciones de la ruptura. “Sólo necesito que estemos juntos otra vez.”
Una ruptura sentimental es una de las experiencias de cambio más estresantes que pueden atravesarse. El dolor no sólo se refiere al abandono de la persona amada. La ruptura conlleva la pérdida de un proyecto de futuro, contacto con personas allegadas, cambio de domicilio, disminución de nuestra capacidad adquisitiva, cambios relativos a nuestros hábitos y rutinas, etc. Sin embargo, es común que se achaque todo el malestar simplemente a su ausencia.
El doliente debe entender el daño que ha sufrido, el cambio que atraviesa y las implicaciones de la relación que contribuían en la definición de su identidad como individuo. Ser consciente del impacto de la ruptura facilitará la puesta en marcha de estrategias para sobreponernos.

Proyectarse en el futuro. “Jamás volveré a amar.”
Tras la ruptura resulta complicado plantearnos la posibilidad de establecer una relación de intimidad. En cierto sentido, nos vemos incapaces de sentir lo que sentíamos por otra persona.
No debemos pretender que el vínculo se borre de manera instantánea o sacar un clavo con otro clavo de manera precipitada. Iniciar una nueva relación de manera inmediata puede ser contraproducente. Sin embargo, de manera progresiva, es conveniente proyectarse en el futuro, abrirnos de nuevo a la posibilidad de amar y ser amados.

Reinventarse a uno/a mismo/a. “¿Pero qué hago ahora?”
La pérdida puede afectar a nuestra propia identidad y nuestra forma de concebir el mundo. Sin embargo, el cambio también nos ofrece el espacio para pasar más tiempo solo/a, iniciar nuevas relaciones de amistad, nuevas aficiones, nuevos hábitos, etc. Se trata de una nueva etapa. Este proceso constituye una oportunidad para el crecimiento personal y la re-invención de uno/a mismo/a.

David Martín Escudero

 

ANNA PARINI

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Hoy día es indiscutible la relación estrecha y dependiente que existe entre nuestra psique, emociones, conductas y la salud física. Se influyen y afectan de forma bidireccional. Situaciones como el dolor crónico, la falta de trabajo, una ruptura sentimental, hacer cola en el banco o el mismo tráfico generan en nosotros pensamientos negativos, incluso catastróficos: “Estoy harto, no puedo más”, “Este dolor me limita y no puedo hacer nada, se me quitan hasta las ganas de vivir”, y un largo etcétera. La mente puede ser nuestra principal aliada, pero también nuestra mayor rival.
Las personas suelen culpar y maldecir al entorno, a lo que ocurre a su alrededor, porque lo identifican como el causante de su malestar y sufrimiento. Pero ¿lo de fuera le genera malestar, o son sus interpretaciones sobre lo que ocurre a su alrededor lo que condiciona sus emociones?

Nuestros pensamientos influyen en nuestros comportamientos y nuestras emociones. Dependiendo de la corriente psicológica o el profesional al que lea o visite, los tachará de pensamientos negativos, catastróficos, limitantes, destructivos o inútiles. Qué más da el concepto. Lo que importa es el poder que tienen para influenciarnos, tanto positiva como negativamente.
Muchos pacientes dicen tener la cabeza como una lavadora. Ideas, miedos, discursos aterradores, pensamientos que no paran de dar vueltas en la mente. Se sienten atrapados entre palabras, incapaces de pararlas o desatenderlas. Hay personas que odian relacionarse consigo mismas porque lo que “su mente les dice” les causa una angustia tremenda.

Ahí van dos buenas noticias. La primera: usted es en gran parte el responsable de lo que siente. No es el entorno el que le genera ansiedad, sino la interpretación que usted hace del entorno. Esto le responsabiliza y también le permite controlar y actuar sobre lo que siente. Muchos querrían desligarse de todo y seguir echando la culpa de su malestar a la sociedad y a lo mal que está todo. Pero esta opción le limita y le deja sin recursos.

El victimismo provoca que piense

más en lo que no funciona

que en lo que va bien

La segunda buena noticia es que puede modificar su estilo cognitivo en el momento en el que decida entrenar otra forma de pensar. Cientos de miles de personas consiguen preparar y acabar un maratón a pesar de lo dura que es esta prueba. Pero cuando hablamos de modificar lo relacionado con la psique, lo asociamos enseguida a dificultad, a falta de fuerza de voluntad y a nuestra forma de ser, y cuestionamos la posibilidad de cambio. Siga estos consejos para poner el pensamiento a raya.

Olvide la idea de convertirse en una persona superpositiva y superoptimista. El mundo no es de color rosa, pero tampoco un lugar negro y hostil. Se trata de buscar la utilidad de lo que piensa. Los pensamientos y las emociones son útiles cuando nos permiten resolver lo que nos preocupa e inútiles cuando no podemos hacer nada por aliviarnos. Confíe y delegue, y permita que al hacerlo los demás actúen con autonomía. El exceso de control genera ansiedad. Cuando delegue aquello de lo que no se puede responsabilizar, imagine un interruptor en la mente y póngalo en desconectado cada vez que aparezca de nuevo la preocupación. Dejar de prestar atención a lo inútil no es irresponsable. Todo lo contrario, permite que esté en el presente. Lo que sí es irresponsable es tener una reunión de trabajo y que su mente dé vueltas a un problema que no puede resolver por más que quiera y que ese estado impida concentrarse en lo único que puede atender: la reunión.

Escriba. No se trata de desconfiar de la memoria, pero para facilitarle el cambio de pensamiento necesita coger el hábito de escribir aquello que desea pensar. Escribir es una conducta organizada y facilita el aprendizaje. ¿Recuerda cómo aprendió a hacerlo sin faltas de ortografía? A base de repetición. La maestra detectaba una falta y usted la repetía en su cuaderno 10 veces. No aprendió a escribir correctamente simplemente pensando en que tenía que hacerlo. Necesitó un proceso. El mismo que requiere ahora para modificar su estilo cognitivo.

Deje de rumiar. Dar muchas vueltas a sus preocupaciones es el problema, no la solución. Rumia buscando argumentos que le dejen tranquilo, esperando encontrar esa idea brillante con la que calmar sus emociones. Pero nuestro cerebro no se apacigua dándole vueltas a ideas no controlables. En lugar de tanta vuelta, piense en soluciones. En vez de centrarse en “¿por qué me ha pasado esto a mí?”, lleve su energía a “¿qué tengo que hacer, cómo me puedo implicar para encontrar una solución?”. Piense siempre en sumar.

No lo racionalice todo, porque no todo tiene un razonamiento lógico. La vida es matemáticas, ciencia, pero también intuición y sensaciones. Aprenda a vivir con un grado de incertidumbre y a tomar decisiones con un poquito de riesgo. Considere el error como parte del juego. Genera tranquilidad la idea de que puede equivocarse y que, en el caso de fallar, buscará soluciones para volver a intentarlo. Generarse presión con ser perfecto incrementará su nivel de miedo y ansiedad, y con ello, los errores. Y eso es lo que desea evitar.

Para saber más

ANNA PARINI

Libros 
En cambio
Estanislao Bachrach (Editorial Conecta)

Mindfulness: Guía práctica para encontrar la paz en un mundo frenético
Mark Williams (Editorial Paidós)

Película
El guerrero pacífico
Víctor Salva

Acepte lo que no dependa de usted. Los discursos internos relacionados con lo injusta que es la vida y con lo que no se merece pero le ha tocado solo le llevan a sentirse desgraciado. Todos hemos vivido alguna vez el lado injusto de la vida. Su existencia tiene problemas y tiene momentos maravillosos. Pero el victimismo, la falta de recursos o la baja autoestima pueden provocar que atienda, hable y piense más en lo que no funciona que en lo que va bien. Cambie su visión y su discurso. No meta el dedo en la llaga, sobre todo con carpetas del pasado. Acepte. Aceptar no es resignarse.

Quite valor a lo que no lo tiene.Si cada preocupación se convierte en una batalla personal, estará combatiendo día y noche. Usted y su escala de valores son los que deben decidir si es importante o no. No busque soluciones por las noches. Tendemos a ver todo de forma mucho más catastrófica. Las noches son para dormir, no para resolver dilemas.

Anticipar lo que puede ocurrir de forma negativa no le protege. Muchas veces anticipamos lo que no depende de nosotros: “Seguro que el profesor pone un examen dificilísimo”, “No me inspira ninguna confianza este partido, el rival lo va a dar todo”. Muchos de sus miedos versan sobre un futuro que no va a suceder. Al final, no todo termina saliendo bien, pero sí es cierto que no es tan trágico como había pronosticado. Se ha dedicado a sufrir por situaciones que no pasarán o que, si ocurren, no serán tan tremendas como imagina. El miedo anticipatorio solo aumenta su nivel de ansiedad y preocupación. Le impide estar pendiente de lo que sí funciona y le genera la sensación de vivir en un mundo amenazante. Cuando esto ocurra, sustituya su miedo al futuro por un simple “bien, pudiera ser, lo que tenga que ser será”.

Ríase de lo que piensa. ¡Qué absurdas nos parecen algunas de las ideas a toro pasado! Pruebe a hacer el ejercicio de ver la parte cómica en el momento real. Apreciar el lado humorístico le confiere control sobre sus preocupaciones y emociones. El humor también se entrena. No lo descarte por no ser hábil ni ágil con él. Vea películas, hable con personas que se ríen de sí mismas y comprobará que pronto se le contagia.

Rete a sus miedos. “Pero tú, piltrafilla, ¿acaso vas a poder conmigo?”, “¿Me voy a dejar amedrentar por ti? Pero si no tienes ni media bofetada”. Hablarle en este tono a sus miedos hará que se sienta superior a ellos.

No tenga conversaciones absurdas con sus pensamientos.No se enrede en ellos. Sus pensamientos negativos son rabietas que buscan su atención, y como se siente angustiado, se la presta. Contémplelos como si no fueran con usted. Lo que habla en su favor son sus actos, no lo que piensa. Déjelos estar en su mente, como quien acepta una peca en el brazo. Si no los escucha, dejarán de darle la lata. Cuando aparezcan, diga: “Gracias, mente”, y lleve su foco de atención a otro lugar.

Recuerde, no se puede “no tener pensamientos” por mucho que le atormenten. Lo que sí puede es elegir otros. Como dicen en la película El guerrero pacífico, “la vida es elegir, puedes elegir ser una víctima o cualquier otra cosa que te propongas”.

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QUÉ ES LA ANSIEDAD???

La Ansiedad ha sido definida como un estado mental que se caracteriza por una gran inquietud, una intensa excitación y una extrema inseguridad

Pese a toda creencia en realidad, un cierto grado de ansiedad proporciona un componente adecuado de precaución en situaciones especialmente peligrosas. Puede ayudarnos a mantenernos concentrados y afrontar los retos que tenemos por delante.

En ocasiones, sin embargo, el sistema de respuesta a la ansiedad se ve desbordado y funciona incorrectamente. El sujeto se siente paralizado con un sentimiento de indefensión y, en general, se produce un deterioro del funcionamiento psicosocial y fisiológico. Cuando la ansiedad se presenta en momentos inadecuados o es tan intensa y duradera que interfiere con las actividades normales de la persona, como es ir al trabajo, hacer vida social o incluso dormir, entonces se la considera como un trastorno el cual debe ser tratado por especialistas.

Los síntomas comunes de la ansiedad son:

  • Sensación de miedo
  • Sentimiento de impotencia
  • Tener un sentimiento de peligro inminente, pánico o muerte
  • Contar con un aumento del ritmo cardíaco
  • Respiración rápida (hiperventilación)
  • Transpiración
  • Temblor
  • Sentirse débil o cansado

Tipos de ansiedad:

  • Trastornos de Ansiedad Generalizada (TAG) Se manifiesta en personas con mucha inquietud, preocupaciones y tensiones excesivas que terminan por volverse crónicas, tienen problemas para dormir y siempre están tensos y nerviosos, son muy aprehensivos y comúnmente anticipan un desastre, aún cuando nada parece provocar sus preocupaciones, éstas siempre están activas y comprenden que su ansiedad es más intensa que la razón que la justifica. En muchos casos se irritan sin razón alguna, tienden a sentirse cansados y desmotivados, les cuesta trabajo concentrarse, sufren continuamente de tensión muscular en los hombros y en el cuello más que en otras partes del cuerpo, tienen sensaciones en la cabeza, a veces como apretada, hormigueo y sensibilidad, incluso sólo por tocarse el cabello sienten dolor, se fatigan fácilmente y la depresión frecuentemente acompaña los trastornos de ansiedad, es común que estos trastornos de ansiedad afecten más a las mujeres, sintiendo dolor en el pecho, hormigueo en el lado izquierdo de la cara o el brazo, entre otros síntomas.
  • Una de las nuevas terapias que se están utilizando para la ansiedad, dentro de las tecnicas de relajación es el Mindfulness

 ¿Qué es el mindfulnes?

 Esta práctica de origen budista cuenta con más de 2.500 años de antigüedad, sin embargo en Occidente no aparece hasta hace unos treinta años para tratar problemas asociados al estrés y al dolor crónico. Hoy, las aplicaciones de este concepto se extienden a casi todos los campos, como por ejemplo al de la Salud, la educación y la enseñanza. Mindufulness es tomar conciencia en el momento presente, sin juzgar ni juzgarse. Se puede practicar de una manera formal, a través de la meditación o bien de una forma informal, tomando conciencia en la vida cotidiana de diferentes actividades, comenzando a tomar plena conciencia en nuestra respiración. Es habitual ver que las universidades ofrezcan a sus alumnos talleres de atención plena, conscientes de que en la mayoría de los casos la distancia que separa el éxito del fracaso no reside en el talento natural, sino en la capacidad de concentrarnos, que permite retener conceptos, relacionarlos, entenderlos e incorporarlos en nuestras estructuras de pensamiento.

También se está utilizando la Atención Plena en niños, con dificultades en la atención, impulsividad e hiperactividad Es una técnica que nos da serenidad, confianza, y amabilidad hacia nosotros mismos.

I. Criado

 

La neuroeducación demuestra que emoción y conocimiento van juntos

La neuroeducación es una nueva visión de la enseñanza basada en el cerebro. Es una visión que ha nacido al amparo de esa revolución cultural que ha venido en llamarse neurocultura. La neuroeducación aprovecha los conocimientos sobre cómo funciona el cerebro integrados con la psicología, la sociología y la medicina, en un intento de mejorar y potenciar tanto los procesos de aprendizaje y memoria de los estudiantes, como los de enseñanza por parte de los profesores.

NEUROEDUCACIÓN (II)

AUTOR INVITADO: FRANCISCO MORA, catedrático de Fisiología Humana (Universidad Complutense) y catedrático adscrito de Fisiología Molecular y Biofísica (Universidad de Iowa, EEUU). Autor de Neurocultura (Alianza) y Neuroeducación (Alianza).

Como dije en el anterior artículo, en el corazón de este nuevo concepto está la emoción. Este ingrediente emocional es fundamental tanto para el que enseña como para el que aprende. No hay proceso de enseñanza verdadero si no se sostiene sobre esa columna de la emoción, en sus infinitas perspectivas.

La neurociencia enseña hoy que el binomio emoción-cognición es indisoluble, intrínseco al diseño anatómico y funcional del cerebro. Este diseño, labrado a lo largo de muchos millones de años de proceso evolutivo, nos indica que toda información sensorial, antes de ser procesada por la corteza cerebral en sus áreas de asociación (procesos mentales, cognitivos), pasa por elsistema límbico o cerebro emocional, en donde adquiere un tinte, un colorido emocional. Y es después, en esas áreas de asociación, en donde, en redes neuronales distribuidas, se crean los abstractos, las ideas, los elementos básicos del pensamiento.

De modo que el procesamiento cognitivo, por el que se crea pensamiento, ya se hace con esos elementos básicos (los abstractos) que poseen un significado, de placer o dolor, de bueno o de malo. De ahí lo intrínseco de la emoción en todo proceso racional, lo que implica aprender y memorizar.

Los seres humanos no somos seres racionales a secas, sino más bien seres primero emocionales y luego racionales. Y, además, sociales. La naturaleza humana se basa en una herencia escrita en códigos de nuestro cerebro profundo, y eso lo impregna todo, lo que incluye nuestra vida personal y social cotidiana y, como he señalado, nuestros pensamientos y razonamientos. Esa realidad se debe poner hoy encima de cualquier mesa de discusión sobre la educación del ser humano.

Es esta realidad la que nos lleva a entender que un enfoque emocional es nuclear para aprender y memorizar, y, desde luego, para enseñar. Y nos lleva a entender que lo que mejor se aprende es aquello que se ama, aquello que te dice algo, aquello que, de alguna manera, resuena y es consonante (es decir, vibra en la misma frecuencia) con lo que emocionalmente llevas dentro.Cuando tal cosa ocurre, sobre todo en el despertar del aprendizaje en los niños, sus ojos brillan, resplandecen, se llenan de alegría, de sentido, y eso les empuja a aprender.

Solo el que aprende bien sobrevive más y mejor. Seguir vivo en un mundo exigente (y el mundo vivo lo es), desde vivir en la selva hasta vivir en un mundo social duro y competitivo, requiere  aprender, y aprender bien. El que no es capaz de aprender suele vivir menos, ya lo hemos señalado. Y aprender requiere inexcusablemente basarse en la emoción. niños

Pero esa emoción en la enseñanza exige matices profundos cuando es aplicada al ser humano a lo largo de su arco vital. Aprender (y, por lo tanto, enseñar) no es lo mismo para un niño de 2 o 3 años, que, con enseñanzas ya regladas, para el niño de 6 años (cuando comienza con el tambor de las ideas en Primaria), el púber o el adolescente (que vive en un mundo cerebral convulso donde los haya), o bien el adulto joven, el adulto medio o el que atraviesa la ahora larga senescencia. Hoy habría que añadir el periodo prenatal y al perinatal (aquel que va desde la semana prenatal 32 hasta los 2 meses postnatales). Hoy la neuroeducación alcanza a todo ese amplio y, en el terreno específico de la educación, casi desconocido arco vital del ser humano.

Con todo lo que antecede, es claro, como ya he señalado, que lo que enciende el aprendizaje es la emoción y, en ella, la curiosidad y, luego, la atención. Pero la atención no se puede suscitar simplemente demandándola, ni la curiosidad tampoco. Hay que evocarlas desde dentro del que aprende.

Hoy comenzamos a saber que lo que llamamos curiosidad no es un fenómeno cerebral singular, sino que hay circuitos neuronales diferentes paracuriosidades diferentes,y que no es lo mismo la curiosidad perceptual diversificada, aquella que despierta de modo común en todo el mundo cuando se ve algo extraño y nuevo, que aquella otra conocida como curiosidad espistémica, que es la que conduce a la búsqueda específica del conocimiento.

Y lo mismo podemos decir sobre la atención, cuyo sustrato cerebral nos lleva hoy a reconocer la existencia de muchas atenciones cerebrales. Atenciones que van desde la atención básica, tónica, que es la que todos tenemos cuando estamos despiertos, a aquellas otras de alerta, de foco preciso (ante un peligro),orientativa (buscar una cara entre cientos), ejecutiva (la del estudio), virtual(procesos creativos) o digital (utilizada en internet). dibujo

Y es claro, además, que todos estos procesos difieren en el niño y el adulto, y aun en el niño para cada edad. Claramente el tiempo atencional que precisa el niño no es el mismo que el requerido por el adulto para atender una percepción concreta simple o aprender un concepto abstracto altamente complejo. Precisamente, conocer los tiempos cerebrales que se necesitan para mantener la atención a cada edad o periodo de la vida puede ayudar a ajustar tiempos de atención reales durante el aprendizaje en clase de una manera eficiente. Y también conocer cómo estos tiempos pueden ser modificados.

Y lo mismo que el aprendizaje consiste en momentos seriados de asociaciones de fenómenos o conceptos que se repiten en ese juego mental de aciertos y errores, memorizar requiere también de repetición constante de lo ya aprendido. El maestro o el profesor universitario hoy comienzan a utilizar adecuadamente fórmulas que pueden ser enormemente útiles en esa memorización de lo aprendido.

Neuroeducación alcanza pues a todo el arco de la enseñanza, desde los niños de los primeros años a los estudiantes universitarios, o en la enseñanza de formación profesional o de empresa. Y, por supuesto, también a los maestros y los profesores, sobre la forma más eficiente de enseñar. La neuroeducación comienza a poner en perspectiva, más allá de los procesos cerebrales mencionados como la curiosidad y la atención, otros factores como la extracción social de la familia y la propia cultura como determinantes del aprendizaje.

Y, más allá, la neuroeducación intentar destruir los neuromitos (falsosconocimientos extraídos de la neurociencia) y conocer la influencia de los ritmos circadianos, el sueño y su poderosa influencia en el estudio, o factores tan importantes como la arquitectura del colegio, el ruido, la luz, la temperatura, los colores de las paredes o la orientación del aula.

Y también ayuda a hacerse preguntas como estas: ¿Por qué los niños están siempre preguntando?¿Se puede enseñar por igual a niños crecidos en culturas y de etnias diferentes? ¿Hay que ser de raza judía para ser académicamente brillante? ¿Por qué el ambiente familiar de estudio es tan determinante en las capacidades de aprender de los niños? ¿Se puede memorizar mejor durmiendo mejor? ¿Qué hace que se aprenda y memorice mejor si uno se equivoca más? ¿Por qué es más interesante una pregunta brillante que una contestación brillante? ¿Por qué hoy la letra con sangre ya no entra? ¿Es lo mismo enseñar arte o matemáticas, medicina o derecho, fontanería o filosofía? ¿Cómo enseñar que hay dos formas cerebrales de aprender matemáticas? ¿Podrán los nuevos ordenadores de alto procesamiento (relación y reconocimiento personal del estudiante) sustituir a la relación maestro-alumno?

De este modo y por este camino, la neuroeducación se adentra en elconocimiento de aquellos cimientos básicos de cómo aprender y memorizar, y cómo enseñar. Y cómo hacerlo mejor en todo el arco de adquisición del conocimiento y los múltiples ingredientes que lo constituyen. Dilucidando así los entresijos de la individualidad y las funciones sociales complejas, el rendimiento mental, el desafío cerebral de Internet y las redes sociales, o cómo llegar a ser un maestro o un profesor excelente. Añadiendo a ello la formación del pensamiento crítico y analítico, y, más allá, el pensamiento creativo. O evaluando en los primeros años a niños que sufren procesos cerebrales o psicológicos que dificultan el proceso normal de aprendizaje, para permitir así aplicar tratamientos tempranos muy eficaces.

La neuroeducación es, pues, un campo de la neurociencia nuevo, abierto, lleno de enormes posibilidades que eventualmente debe proporcionar herramientas útiles que ayuden a aprender y enseñar mejor, y alcanzar un conocimiento mejor en un mundo cada vez de más calado abstracto y simbólico y mayor complejidad social.

Facilitar todo esto requeriría la creación de una nueva figura profesional, aquella del neuroeducador, que analizaremos en un nuevo artículo la próxima semana.

Vía: Blog El País

Neurobiología de las emociones.
 

 

Qué es la Somatización

La somatización es el idioma con el que las personas con problemas emocionales y psicosociales articulan su malestar, a través principalmente de síntomas físicos, para los que no se encuentra una explicación médica suficiente; o si la hay, los signos encontrados no son en ningún modo proporcionales a las quejas del sujeto.

En el caso de la ansiedad, es fácil que la persona que la padece, exteriorice inconscientemente algunos síntomas físicos y que en un principio desconozca la relación entre su estado de agitación y los mismos. Por ejemplo, algunos síntomas podrían ser sequedad en la piel, ronchas, picores, contracturas, sequedad de boca, caída del cabello, etc.

Entender que existe una relación entre síntoma y estado psicológico es primordial para el tratamiento de ambos.  Existen  muchos problemas musculares tales como contracturas cervicales, pinzamientos, tendinitis de codo, tendinitis de hombro, etc., originados principalmente por un estado psicológico de estrés o ansiedad.  La fisioterapia trata los síntomas (inflamación y dolor), pero no trata el origen del problema. Así pues, el tratamiento físico exclusivo fracasa ya que el factor desencadenante persiste.

El tratamiento holístico parece un ideal hoy en día, es difícil comprender que una afectación física es debida a algo tan “abstracto” como el estrés por ejemplo. Aún así,  considerar las dos partes del ser humano es la clave para controlar algunas dolencias físicas que en algunos casos, lamentablemente, impiden al individuo llevar una vida normal.

 

 

Señales sobre ASPERGER

 

Asperger


Isabel Criado Martín

 

Terapia cognitivo - conductual

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